Mesa coloquio “Prevención de la Violencia de Género y la discriminación contra las mujeres” 1


El pasado 22 de Noviembre fuimos invitados a la Mesa – Coloquio “Prevención de la violencia de género y la discriminación contra las mujeres”.

En ella, con motivo de la celebración del próximo CENCOR 2018 (Certamen Nacional de Cortos de Orcasitas) tuvimos la exclusiva de ver un par de cortos (“Ada” de Max Larruy & Tulio Ferreiro; y “En el parque” de Cristina Lladosa) con el tema de la Violencia de Género de fondo, como paso previo e introductorio a la mesa coloquio que después se abrió con las diferentes ponencias e invitadas, y como suele habitual en este tipo de eventos, con la inestimable aportación y reflexión posterior de las muchas mujeres asistentes como público a la proyección.

La mesa en cuestión, moderada por Sara Fuentes (Promotora para la Igualdad Efectiva entre Mujeres y Hombres), estuvo formada por las siguientes personas y títulos de sus respectivas ponencias:

Marta López Rey (encargada de la presentación de los cortos que allí se iban a ver y que también serán exhibidos en el próximo CENCOR 2018).

Ana Pérez González (Wanawake Mujer). “Ritos de pasajes alternativos a la Mutilación Genital Femenina (MGF)

Begoña Serrano (Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad –MPDL). “Intervención con mujeres víctimas de violencia de género

Víctor Sánchez (Asociación Círculos de Hombres). “El papel de los hombres en la lucha contra la violencia de género

Pura López Ortí (Asociación Mujeres de la Meseta de Orcasitas). “La lucha de las mujeres de la meseta de Orcasitas

Mónica Magán (Espacio de Igualdad de Usera – Mesa de Igualdad de los Foros Locales). “El papel de las mesas de Igualdad para prevenir la Violencia de Género

 

 

Como veis, es difícil imaginarse una mesa tan extensa, variada y representativa de un montón de sensibilidades diferentes y complementarias sobre uno de los grandes problemas a los que se está enfrentando la sociedad en nuestros días: la Violencia de Género.

Tuvimos ponencias para visibilizar los muchos tipos de violencia que sufren las mujeres a día de hoy (os invito a investigar en los enlaces que os compartimos al final del artículo a cada una de las plataformas o asociaciones representadas), pero creo fundamental, señalar y destacar una frase que a mí no solo me dejó impactado, sino que, creo que es sinceramente tan real y verdadera como todo lo cruda y dura que suena.

Hablamos de “violencia simbólica” por ponerle una etiqueta, un título, o una distinción específica respecto al tipo de violencias de género que quizás tengamos más identificadas.

Creo recordar que fue la última ponente, Mónica, quién expresaba en sus primeras palabras, que solamente el asistir a un evento tan necesario como éste, en donde la presencia masculina se acercaba al más que sonrojante “cero patatero” era ya, sin duda, una expresión de violencia (de género –añado yo-) en sí misma.

Sin más.

Y desde luego, no puedo estar más de acuerdo.

Frases como #ElSilencioNoshaceCómplices resuenan sin parar en mi cabeza, y ver espacios como éste, abiertos a 30, 40 o 50 personas que asistieron, y en donde la presencia masculina no era ni siquiera anecdótica, es un escándalo al que le faltan calificativos que expresen semejante desinterés y despreocupación ante un problema, una lacra, que recordemos, está provocada por los hombres, y que sufren, las mujeres.

Es una brecha de género difícil de digerir, por todo lo que ello conlleva.

Y yo sé que frases como ésta duelen y nos hacen sentir incómodos, pero es lo que toca.

Es lo menos que nos puede tocar, para tratar de acercarnos y sentir un mínimo de empatía por la sensibilidad ante tamaño problema que ahora mismo tienen y demuestran las mujeres.

Yo también he pasado por esas fases de enfado, reacción, vergüenza y un montón de cosas más cuando me han señalado por pertenecer al género opresor.

Es así, y así tiene que ser.

No existe el cambio o la transformación cómoda. Al menos, si es todo lo sincera y sanadora que necesitamos que sea.

No nos vamos a escapar sin mirar atrás y desmenuzar nuestras respectivas vidas, nos tocará hacer el análisis de conciencia pertinente y plantearnos de forma individual y colectiva, hasta qué punto con nuestros comportamientos hemos permitido que esta situación haya estado ocurriendo de la forma en que ahora vemos que se denuncia sin descanso ni respiro. Y tendremos que pedir perdón, si queremos realmente, que las mujeres nos crean, nos sientan, y se convenzan de que nuestro lugar ahora mismo está a su lado, en la lucha contra la violencia de género. No puede ni podrá ser de otra manera.

Enlazando yo con mi ponencia, recogía una frase que surgió en la reflexión del Primer Círculo Mixto que celebramos en nuestra Asociación hace escasamente 4 días, que no es otra que: “¿Cómo hemos llegado hasta aquí?”.

La frase se podía tomar como una invitación a ese primer círculo para que cada persona expresara el motivo que le había traído hasta ese escenario, pero quería ir un poco más allá.

Quería llegar hasta el extremo de expresar en palabras el profundo sentimiento de desesperanza que la situación actual (dramática, una pandemia -como la define la ONU-) de violencia que sufre en tantos ámbitos la mujer, nos toca a cada uno de nosotros de manera cercana.

¿Cómo hemos permitido que todo esto esté sucediendo delante de nuestros ojos y cómo hemos permitido llegar hasta donde hoy estamos con la gravedad de un problema que apenas hemos empezado a tímidamente empatizar?

Y la pregunta va dirigida inequívocamente a los hombres.

Porque las mujeres nos llevan décadas de ventaja, y ya son muchas las señales que nos llevan mandando para decirnos claramente ¡¡¡Basta ya!!!; que no van a seguir permitiendo el abuso y el atropello que el modelo de masculinidad actual e inmensamente mayoritario (nos guste o no) les está provocando de forma directa.

Cuando a mí directamente, me preguntan qué es lo que pueden hacer los hombres para luchar contra la Violencia de Género y las discriminaciones que sufren las mujeres, recojo las palabras de una de las muchas conversaciones que tengo a diario con mi amigo y compañero Justo Fernández, y respondo que “NADA”.

Nada.

No tenemos que hacer nada.

Tenemos simplemente que dejar de hacer todo lo que venimos haciendo, desde hace mucho tiempo.

Que no es poco.

Simplemente tenemos que dejar de asesinar, de violar, de acosar, de cosificar, de sexualizar, de maltratar, de golpear, de gritar, de discriminar, de intimidar, de menospreciar, de someter, de pegar, de desconfiar, de amenazar, de obligar, de forzar, de ningunear, etc, etc, etc…

Y así, con todas y cada una de las maneras habituales con las que desgraciadamente nos hemos comportado o nos seguimos comportando con las mujeres.

Y tengamos sobre todo en cuenta, que esta lista interminable de verbos y comportamientos que aquí escribo, y que se podría extender durante páginas y más páginas, todo esto que acabo de mencionar, se APRENDE.

No es genético.

No nacemos con un pecado original del que no tenemos escapatoria.

Todo esto es aprendido.

Y todo esto es aprendido, porque alguien o algo (la sociedad en sí misma tal y como está construída) nos lo ha enseñado, y como buenos alumnos aplicados que somos, lo hemos integrado y puesto en práctica de forma sobresaliente.

Y no se trata de una educación o adoctrinamiento masculino que provenga solamente de nuestras casas, de nuestros hogares, de nuestras familias…

Aquí intervienen otros muchos factores que en vez de ayudar, no hacen más que engrandecer un problema que se nos escapa de las manos.

Hablo de los medios de comunicación, de la cultura, de la enseñanza, de la justicia, de, en definitiva todos y cada uno de esos escenarios que seguramente se nos ocurre rápidamente, que no tienen ninguna perspectiva de género.

Una sociedad, que promueve, difunde y presiona para que se cumplan unos estereotipos muy marcados para uno y otro género, y en cuyo reparto de roles, funciones, profesiones y derechos, las mujeres han salido perdiendo y de qué manera, a lo largo de tantos y tantos siglos.

Así que, cuando me sigan preguntando cuál es el papel de los hombres en la lucha contra la violencia de género y las discriminaciones contra la mujer, repetiré una y otra vez la misma cantinela, hasta que surja el efecto y la concienciación (masculina) necesaria.

Dejemos de comportarnos como los hombres que siempre nos han dicho que tenemos que ser y probemos a comportarnos de manera diferente.

Ya sabemos lo que no funciona. Tenemos décadas de experiencia inmersos en ese modelo.

Ahora toca probar otras maneras, otras formas.

Esa, es la respuesta fácil. La de la conciencia. Pero no es suficiente ni es la única que hay que tomar.

Es necesario además, no solo cambiar individualmente, sino ponerse a trabajar para cambiar el resto de la sociedad que tanto daño e influencia hace sobre todos/as (recordemos y tengamos presente siempre que los “privilegios se tienen, aunque no se disfruten“, con lo cual nuestra responsabilidad como hombres no es simplemente renunciar a ellos, sino conseguir que nadie pueda valerse de ellos para disfrutar de una sensible posición de desigualdad que perjudica endémicamente a las mujeres).

Y de primeras, hay algo fundamental que también podemos hacer para aprender.

Quizá si escuchamos un poco más activamente a las mujeres (en éste y otros escenarios que nos proponen), quizás, solo quizás, obtengamos más respuestas de las que nosotros mismos alcanzamos a encontrar desde nuestra actual posición inamovible de incomodidad.

¿En qué se puede traducir esto? ¿Qué acciones del día a día podemos empezar a tomar para que se note el cambio?

En empezar a dejar de hablar, para escuchar más y actuar mejor.

En no cuestionar permanemente lo que nos dicen y lo que escuchamos de las mujeres.

En tratar de entender, no convencer ni reaccionar a la contra, porque nos sintamos interpelados por ellas.

En empezar a señalar los comportamientos de los hombres de nuestro entorno que nos chirrían y que sabemos son inadecuados.

En empezar a aceptar las mismas condiciones laborales que las mujeres, que en la gran mayoría de casos, se ven obligadas y forzadas a aceptar.

Quizá, y a propósito de la tan temida e inalcanzable conciliación utópica, esté un reparto equitativo de límites o renuncias profesionales a los que la paternidad y maternidad se enfrentarán en mayor o menor medida más tarde o más temprano.

No dejemos esa decisión en manos del sueldo mayor de las dos personas que puedan conformar el núcleo familiar, que también es un engaño, pues ellas se enfrentan a discriminaciones salariales que nosotros no sufrimos. Y ten en cuenta, que el tiempo, también es dinero. El tiempo que todavía ella dedica mayoritariamente en casa, también es dinero. No por no ser remunerado significa que sea gratis. Piénsalo.

En corresponsabilizarse en las tareas domésticas. En todas, sin conformarse con ayudar simplemente.

En ejercer la paternidad, en todos los ámbitos y escenarios posibles. No solo en el parque acompañando a los más pequeños. También en casa limpiando, cocinando, organizando las tareas y deberes, apuntándose en los grupos de whatsapp del colegio, yendo a reuniones escolares, mostrando interés en el centro educativo de tus hijos/as, compartiendo también esa agotadora doble agenda que las mujeres tienen siempre en mente, para que todo salga y esté organizado de la mejor manera.

Dejando de delegar responsabilidades en tu pareja, solo porque a ella se le de mejor, o porque creas cómodamente que te va a decir que no le gusta como lo haces.

En coeducar de forma real a nuestros hijos y nuestras hijas, no solo en casa, sino en centros educativos que sepamos que trabajan en esa dirección.

En supervisar y controlar adecuadamente a las edades concretas de nuestras criaturas los contenidos televisivos (y de internet) que tienen a su alcance y que tanto daño les puede causar aun a pesar de nuestra aparente concienciación.

En no comprar juguetes sexistas y dejar a nuestros/as hijos/as elegir en libertad, no con los prejuicios y estereotipos con los que nosotros quizás nos hemos educado y criado, y que siguen ejerciendo un control a veces hasta de forma inconsciente.

Etc, etc, etc…

Otra lista de esas interminables, que espero me ayudes a completarla, con todas esas tareas y funciones que a día de hoy no ejercemos en igualdad con respecto a las mujeres de nuestro entorno (amistades, pareja, familia, trabajo incluso).

 

Por los buenos tratos”, decía el titular o mensaje principal de esta Jornada.

Ojalá pueda ser así pronto, y que lo sea por mucho tiempo…

 

Víctor Sánchez

Asociación Círculos de Hombres

 

 

 

 

 

Asociación de Vecinos de Orcasitas: http://orcasitas.org/

Certamen Nacional de Cortos de Orcasitas: http://cencor.orcasitas.net/

Wanawake Mujer: https://www.facebook.com/wanawakemujer/

Movimiento por la Paz, el Desarme y la Libertad –MPDL-: http://www.mpdl.org/

Asociación Círculos de Hombres: http://circulosdehombres.es/

Asociación Mujeres de la Meseta de Orcasitas: https://www.facebook.com/asocimujermesetaorcasitas/?ref=py_c

Espacio de Igualdad de Usera: http://www.madrid.es/portales/munimadrid/es/Inicio/Ayuntamiento/Servicios-Sociales/Igualdad-de-Oportunidades/Espacios-de-Igualdad?vgnextfmt=default&vgnextoid=044986812446a310VgnVCM1000000b205a0aRCRD&vgnextchannel=6e1d9ad016e07010VgnVCM100000dc0ca8c0RCRD

 


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Una idea sobre “Mesa coloquio “Prevención de la Violencia de Género y la discriminación contra las mujeres”

  • Jesús

    Un artículo para enmarcar, leer y releer.
    Es un jarro de agua helada sobre los que pensamos que ya estamos tomando consciencia y que hacemos todo lo que podemos por el fin de la violencia machista y que sin embargo seguimos adormecidos.
    Esta lista de acciones u omisiones es el punto de partida, el km 0, que todo hombre debemos asumir para empezar a sentir que estamos en el camino de reconocer y sentir a las mujeres, las cercanas y las desconocidas.
    Si dentro de unos años siento que estoy en ese camino, de toma de conciencia y acción, pensaré sin dudarlo en ti Víctor Sánchez; el primer hombre conicido que ha pasado de la contemplación a la participación activa en las luchas por la igualdad, contra la violencia y el reconocimiento expreso del respeto íntegral a la mujer.

    Gracias, Víctor.