“Feminismo para principiantes” (2005, Nuria Varela) 4


“Hay un principio bueno que ha creado el orden, la luz y el hombre, y un principio malo que ha creado el caos, las tinieblas y la mujer” (Pitágoras)

 

Bajo estas “sabias” palabras que quedan perpetuadas en esta cita o frase célebre que pronunció en su día Pitágoras, se encuentra “solamente”, la huella de lo que el patriarcado ha ido construyendo, forjando y puliendo durante varios miles de años de nuestra historia más reciente, con un éxito y una claridad (vistos los resultados) realmente precisos.

 

“… No hay nada biológico ni natural que explique esa subordinación de las mujeres, lo que ha ocurrido es que la cultura -desde la Edad del Bronce- dio más valor a quien arriesgaba la vida -que es lo que hacían los hombres en las guerras y conquistas de nuevos territorios- que a quienes la daban -que es lo que hacían las mujeres con su poder de concebir- …” (Simone de Beauvoir)

 

 

No deja de ser sintomático, que la lucha por los derechos y la igualdad de las mujeres (esa pequeña gran “minoría” que supone el 51% de la población mundial) con respecto a los derechos (y privilegios) que desde siempre han disfrutado los hombres, esté por así decirlo, tardando más de la cuenta en llevarse a cabo, y no se acabe de producir o conseguir de la misma manera que otras reivindicaciones también extremadamente importantes se han ido resolviendo de forma más o menos exitosa (el racismo y el final de la esclavitud y las discriminaciones que conllevaba el pertenecer a otra raza que no fuera la blanca; el movimiento LGTBi y la consecución de los derechos fundamentales al mismo nivel que los de la orientación sexual “dominante”, los derechos de los trabajadores y la mano de obra más desprotegida, etc, etc).

 

“… No esperéis señora, que me muestre de acuerdo con vos sobre este punto. Si las personas de vuestro sexo pretenden convertirse en razonables y profundas en sus obras, ¿en qué nos convertiríamos nosotros los hombres, hoy en día tan ligeros y superficiales? Adiós a la superioridad de la que nos sentimos tan orgullosos. Las mujeres dictarían las leyes. Esta revolución sería peligrosa. Así pues, deseo que las Damas no se pongan el birrete de Doctor y que conserven su frivolidad hasta en los escritos. En tanto que carezcan de sentido común serán adorables. Las mujeres sabias de Molière son modelos ridículos. Las que siguen sus pasos son el azote de la sociedad. Las mujeres pueden escribir, pero conviene para la felicidad del mundo que no tengan pretensiones …” (carta mandada por su padre y recibida por Olimpia de Gouges al iniciar su carrera como escritoria)

 

 

El libro de Nuria Varela que tenemos en nuestras manos y que hemos tenido la suerte de descubrir, leer y disfrutar con su lectura amena y ágil, es aparte de un gran libro y una gran exposición de un montón de datos y narraciones a través de un recorrido a modo de viaje sobrevolando la historia, un compendio maravilloso de lo que ha dado de sí el movimiento feminista durante los 3 largos siglos desde su comienzo o toma de conciencia y surgimiento. Como dice la autora en las primeras páginas del libro, “… El feminismo cuestiona el orden establecido. Y el orden establecido está muy bien establecido para quienes lo establecieron, es decir, para quienes se benefician de él…”

 

 

“… Eran consideradas hijas o madres en poder de sus padres, esposos e incluso hijos. No tenía derecho a administrar su propiedad, fijar o abandonar su domicilio, ejercer la patria potestad, mantener una profesión o emplearse, sin permiso, rechazar a su padre o marido violentos. La obediencia, el respeto, la abnegación y el sacrificio quedaban fijados como sus virtudes obligatorias. El nuevo derecho penal fijó para ellas delitos específicos que, como el adulterio y el aborto, consagraban que sus cuerpos no les pertenecían. A todo efecto ninguna mujer era dueña de sí misma, todas carecían de lo que la ciudadanía aseguraba, la libertad …” (Amelia Valcárcel, sobre el código Napoléon en “La memoria colectiva y los retos del feminismo”).

 

 

Continuas referencias, menciones a otros libros y a otras autoras, a las que de forma casi constante acude casi en cada página, posibilita una visión a la vez anecdótica y minuciosa (por la narración de numerosos hechos que podrían incluso hasta parecernos increíbles por lo llamativo del momento) como una visión más global y enriquecedora, de lo que ha dado de sí este movimiento a lo largo de las épocas y de los países.

 

 

 

 

“… Decidimos: Que todas las leyes que impidan que la mujer ocupe en la sociedad la posición que su conciencia le dicte, o que la sitúen en una posición inferior a la del hombre, son contrarias al gran precepto de la naturaleza y, por lo tanto, no tienen fuerza ni autoridad …” (Declaración de Sentimientos. Seneca Falls, Nueva York. 19 y 20 de junio de 1848).

 

Esto permite entre otras cosas, y se produce gracias también, a la consulta de una extensísima y valiosísima bibliografía feminista que recopila al final del libro y que para los no iniciados en el tema, como el que suscribe, supone el principio de un camino fascinante por descubrir y por compartir.

 

“… La supremacía masculina, al igual que los demás credos políticos, no radica en la fuerza física, sino en la aceptación de un sistema de valores cuya índole no es biológica. La robustez física no actúa como factor de las relaciones políticas. La civilización siempre ha sabido idear métodos (la técnica, las armas, el saber) capaces de suplir la fuerza física, y ésta ha dejado de desempeñar una función necesaria en el mundo contemporáneo. De hecho, con elevada frecuencia el esfuerzo físico se encuentra vinculado a la clase social, puesto que los individuos pertenecientes a los estratos inferiores realizan las tareas más pesadas, sean o no fornidos …”

 

 

 

De ahí que sea sin duda, un grandísimo acierto el título del libro “Feminismo para principiantes”, y cada palabra que inunda sus maravillosas por imprescindibles 397 páginas.

 

 

 

Para los que hemos alcanzado al menos la suficiente toma de conciencia del “problema que no tiene nombre” (imposible solucionar un problema si antes no se reconoce, -nos recuerda la propia autora-), y sobre todo para todos aquellos que quieren iniciar un viaje de formación e información del problema machista, tan desgraciadamente “de moda” últimamente, empezar con este libro supone un acierto y un disfrute que no por menos esperado (este libro es una referencia indispensable), resulta más que agradecido.

 

“… Lo más significativo de su discurso fue hacer suya la idea de Marx de que para construir un mundo mejor, tenía que surgir el hombre nuevo. Así, defendió el amor libre, igual salario para las mujeres, la legalización del aborto y la socialización del trabajo doméstico y del cuidado de los niños, pero, sobre todo, señaló la necesidad de cambiar la vida íntima y sexual de las mujeres. Para (Alejandra) Kollontai, era necesaria la mujer nueva que, además de independiente económicamente, también tenía que serlo psicológica y sentimentalmente…”

 

 

Maravillosa la oportunidad por parte de esas incipientes nuevas masculinidades que están llegando y las que quedan por llegar, el adentrarse por una visión nueva de las cosas, más justa, más equitativa, y en definitiva más fortalecedora, que la que nos ofrece la visión del feminismo, en su más amplia acepción.

 

 

 

 

“… Uno de los instrumentos más eficaces del gobierno patriarcal es el dominio económico que ejerce sobre las mujeres. (…) Ya que en las sociedades patriarcales la mujer siempre ha trabajado, realizando con frecuencia las tareas más rutinarias o pesadas, el problema central no gira en torno al trabajo femenino, sino a su retribución económica …”

 

Tenemos la oportunidad de vivir y ser testigos sin duda, de uno de los movimientos políticos más importantes de las últimas décadas (como se dice en el libro, son cerca de 5000 las asociaciones de mujeres que se encuentran repartidas a lo largo del territorio español), y sin duda, empezar a atajar desde nuestra propia (re)educación (“la identidad masculina se aprende, y por tanto, también se puede cambiar” -cita de Carlos Loma-), uno de los problemas (el de la violencia de género) tristemente, día sí, día también, protagonista de los telediarios y secciones de sucesos de los medios de comunicación.

 

“… La violencia es el arma por excelencia del patriarcado. Ni la religión, ni la educación, ni las leyes, ni las costumbres ni ningún otro mecanismo habría conseguido la sumisión histórica de las mujeres si todo ello no hubiese sido reforzado con violencia. La violencia ejercida contra las mujeres por el hecho de serlo es una violencia instrumental, que tiene por objetivo su control. No es una violencia pasional, ni sentimental, ni genética, ni natural. La violencia de género es la máxima expresión del poder que los varones tienen o pretenden mantener sobre las mujeres …”

 

En nuestra mano está, obviamente, el ser únicamente testigos de lo que está pasando y va a seguir pasando y desarrollándose a nuestro alrededor, o por el contrario, tomar las riendas de nuestras vidas (y por extensión de la sociedad en la que vivimos y compartimos con los y las demás) y decidir dar un paso más, incorporándonos a un movimiento tan necesario como vital.

En palabras de Ana de Miguel, autora mencionada en multitud de ocasiones a lo largo del libro, “puesto que el hombre nuevo se hacía esperar demasiado, la mujer nueva optó por tomar las riendas. La primera decisión política del feminismo fue la de organizarse de forma autónoma, separarse de los varones. Así se constituyó el Movimiento de Liberación de la Mujer.” (Ana de Miguel, “Feminismos”)

 

“… Los géneros están jerarquizados. El masculino es el dominante y el femenino el subordinado. Es el masculino el que debe diferenciarse del femenino para que se mantenga la relación de poder. Por eso a los muchachos, históricamente, se les ha pedido pruebas de virilidad. Y los peores insultos que pueden recibir los varones son todos los que sugieren en ellos “feminidad”: nena, gallina, nenaza, bailarina …”

 

Podemos preguntarnos porque la primera aparición de una mujer en un estamento como es el de la Real Academia tardó 300 años en producirse.

Asombrarnos o no darle importancia al hecho de que ninguna mujer participó en la elaboración de la Constitución hace apenas 4 décadas.

Preguntarnos por qué todavía a las mujeres, a pesar de su incorporación al mercado laboral ya normalizada y asentada desde hace décadas, se las sigue otorgando la responsabilidad de encargarse del cuidado de los niños, los mayores y de la gran mayoría de tareas domésticas del hogar familiar.

Y por qué siguen ganando mucho menos dinero en igualdad de condiciones y categorías laborales que sus compañeros hombres.

Podemos intentar mostrar un poco de empatía y ponernos en el lugar de la mujer para preguntarnos también porque se sigue utilizando el cuerpo de una mujer, cosificándolo de tal manera que sea el mejor atractivo posible para vender un producto, sea cual sea (publicidad, cine, presencia en TV, pornografía, etc).

Sabemos que la prostitución es después del negocio de las armas y el de las drogas, el que más dinero mueve en el mundo, “gracias” a unas cifras escandalosas en donde se demuestra que más del 85% de las mujeres que ejercen la prostitución son obligadas en contra de su voluntad y libertad. Y no solo no hacemos nada, sino que acudimos poco menos que “en masa” a consumir y comprar el producto llamado MUJER.

En la actualidad, el 80% de los 1200 millones de personas más pobres de este planeta, son mujeres.

Y en muchas partes del mundo, a estas alturas, se sigue practicando con total impunidad cientos de miles de ablaciones cada año, en niñas de cortísima edad, en unas condiciones que muchas veces les cuesta la propia vida.

Pero no existen solo problemas en el mal llamado tercer mundo. Aquí, bien cerquita, y con una situación agravada en las últimas décadas, a las mujeres no se les tiene en cuenta ni en consideración cuando van a dar a luz, y son postergadas a un papel secundario ante el inevitable protagonismo y comodidad de los profesionales (general y mayoritariamente hombres) que toman las riendas de un proceso, el del parto, que se ha tornado más similar a una operación quirúrgica, que a un proceso tan natural y único como el hecho de dar a luz de una forma respetuosa y en sintonía con los dos verdaderos protagonistas de un encuentro que debería ser inolvidable (la madre y la criatura que viene a este mundo).

Podemos preguntarnos estas y otras muchísimas cosas, o podemos buscar las respuestas en nosotros mismos a través de la lectura de libros tan necesarios como éste, y de necesarias reflexiones posteriores que nos hagan sin duda, tener una visión más humanizada del mundo en el que vivimos.

 

 

“La revolución será feminista o no será”

 

 

 

Víctor Sánchez

Círculos de Hombres

 


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4 ideas sobre ““Feminismo para principiantes” (2005, Nuria Varela)

  • Jesús

    Gracias las Víctor por acercarme a este texto.
    Soy a veces tan poco consciente de las diferencias que nos separan a hombres y mujeres que cometo el error de ignorarlas.
    En mi cabeza consciente intento relacionarme con las mujeres de mi entorno en un plano de igualdad y respeto, pero me doy cuenta que muchas de nuestras actitudes, a veces poco perceptibles, tienden a marcar diferencias interesadas entre nosotros y ellas.
    Queda mucho trabajo por la igualdad, pero esfuerzos y reflexiones como las tuyas nos ayudan a centrarnos para reducir esas diferencias.