«La vida» por Adrián González 4


A estas alturas de mi vida, cuando llamo a mi madre, se empieza a repetir el siguiente diálogo, cuando ella me pregunta: ¿a que no sabes quién se ha muerto? Mi respuesta siempre es no. Y cuando empieza a decir… pueeeeees, son unos momentos en los que mi cabeza se pregunta ¿a quién le habrá tocado ahora?.

Hoy ese “pues” iba acompañado de alguien muy querido y especial y con mucho significado para mí. Me ha dejado descolocado media mañana. He llorado. He intentado ir por la mañana al tanatorio simplemente para acompañar a los que se quedan. También muy queridos. Me ha sido imposible, por trabajo y he decidido ir a la tarde con mi hija. 4 años. Lleva yendo a tanatorios y entierros desde que nació.

Cuando la he recogido del colegio, después del acto de celebración del día de la paz, le he contado adonde íbamos a ir, porque un amigo se había muerto. Me ha preguntado varias veces que si íbamos al cementerio y le he dicho que no, que hoy se iba al tanatorio. Lo del cementerio le he explicado que era mañana. Sin poner ninguna pega nos hemos ido en coche, hasta allí y se ha dormido por el camino. No me ha hecho ninguna pregunta más.

La he despertado al aparcar el coche y hemos subido hasta la planta, en el ascensor. De camino a la sala nos hemos ido encontrando con familiares y amigos y hemos ido dando besos y abrazos, sobre todo yo. Ella elegía a quién sí y a quién no.

Ya en la sala le he preguntado que si quería ver al muerto. Sí. Ha sido su respuesta. Hemos ido al apartado con la vitrina, desde donde se ve al muerto.

Y hemos saludado a la viuda y a los que estaban allí presentes. Mi hija le ha mirado. Le ha visto y se ha quedado tan tranquila.

Me ha preguntado que si nos oía. Y le he dicho que no, claro, que estaba muerto. Ha mirado varias veces y ha cogido de la mano a la viuda, que temblaba y ha querido saber por qué. Le he dicho que estaba triste, porque habían estado más de 60 años juntos. A lo que me ha respondido que no le gustaba su temblor. Nos hemos salido de allí y me ha preguntado que cómo le habían metido en la caja. Se lo he explicado y he añadido una palabra a su vocabulario: ataúd.

Después, mientras jugábamos con la fuente (negra) de agua, que funcionaba colocando un vaso y apretando un botón, que ha provocado que después tuviera que hacer tres veces pis en el supermercado, donde hemos ido a hacer la compra, ha llegado una señora enjuta, bizca y con bastón y ha dicho: “Menudo sitio para una niña.” Ya antes había tenido que corregir a una mujer que trataba a Priscila de “pobrecita” por estar allí.

Aquí va mi respuesta señora, señoras y señores del mundo. La muerte forma parte de la vida. La muerte es la vida.

¿Por qué hemos apartado de la vida-muerte a l@s pequeñ@s? ¿Por qué?

Yo desde luego no lo hago. Mientras escribo mi hija duerme a escasos tres metros de mí. No me ha dicho nada, no ha llorado, no se ha asustado y ha estado jugando en la sala de la vitrina con las flores de una pequeña corona que tenía un mensaje precioso.

Al irnos de allí le he dicho que si quería despedirse del muerto. Y me ha dicho ¿para qué, si no me oye?

Adrián González

Círculos de Hombres


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4 ideas sobre “«La vida» por Adrián González

  • Víctor Sánchez

    Adrián, me quedo con la genial última frase de tu hija, para esa gran reflexión sobre la vida y la muerte que has compartido con nosotros.
    Seguimos los adultos queriendo limitar, controlar y ocultar ciertos aspectos de la vida de los adultos, cuando continuamente los niñ@s nos indican de multitud de maneras que no tiene por qué ser así, porque tienen los recursos necesarios para actuar con la mayor de las naturalidades.
    Y aprovecho también para decir, que de la misma forma «natural» deberíamos ser capaces de respetar el ritmo en el que los niñ@s se adentran en el mundo espiritual con la máxima libertad (y menos intervencionismo) posible, en vez de, lo que hemos hecho históricamente de incorporar a sus tempranas vidas la idea de la religión o la ausencia de ella, impidiéndoles sus propias reflexiones a la edad que les corresponda.

  • Jesús

    Coincido plenamente con tu visión de la muerte.
    A mi hija le hablo de ella con naturalidad. El verano pasado murió su bisabuelo e igualmente fuimos a verle en el tanatorio y muchas veces más al cementerio.
    Cuando afrontas la muerte con normalidad, los niños no solo te devuelven comprensión, también te dan sabiduría innata, cómo ha hecho Priscila.
    Gracias por compartirlo Adrián.

  • Bruno Herrero

    Te agradezco Adrián este texto. Lo siento cerca. Menos mal que hay personas que transitan en esta vida y que piensan como tu. Totalmente de acuerdo y un acierto el texto. Gracias infinitas por dar luz a un tema lleno de tinieblas, gracias compañero, gracias amigo, y gracias por supuesto a nuestros maestros: gracias Priscila.