UN SUEÑO – Sobre el II Retiro “Asociación Círculos de Hombres” (Por Poli) 4


 

UN SUEÑO.

Esta mañana mis ojos no se querían abrir. ¿Era solo el agotamiento, como Mario? No, no querían mirar y no encontrar esa Mirada. La de Fredi, Raúl o Bruno que me tocaron en la lotería de aquel juego de miradas largas y amorosas. Las miradas se 30 ojos fijos en mi, cuando me interpretaba a mí mismo. Cuando compartía mesa. Cuando…
Mis manos hoy vacías se resistían a abrir el móvil que vibraba con vuestros mensajes, para no recordar que tan solo ayer estuvieron llenas como refleja mi dibujo.
No, no quería leeros, sino escucharos. Escuchar esa voz generalmente más grave que la mía y la de Patxi. Porque, si, conmigo he traído esas voces que no encuentro en el telegram.
No quería despertar de un sueño de 15 horas, pero tan profundo que parecía de 15 días.
No quería caerme del regazo de Morfeo, encarnado en Jesús y Pancho entre los que me sentía protegido del frío compartiendo su manta y el calor de su alma que recogían de las demás almas de un círculo gigante cuya llama encendían Alex y Alfonso sobre las poco cálidas tarimas, o Bruno, en la húmeda alborada que reflejaba las cumbres nevadas sobre la hierba fría y la melodía de los arroyos.

He interrumpido el alimento de mi alma con vuestros recuerdos para alimentar mi cuerpo. Lástima no ser un ángel para haber seguido expresando lo que brotaba en mí y que acababa evocando a Bruno, que en todo momento me transmitió su amor por la naturaleza, incluso en el silencio de aquel bucólico paseo.
Esa misma naturaleza cruel e implacable que me expulsó del útero materno con dos meses de antelación cuando no estaba preparado. Siempre he sentido que no quería ver la luz, pero ahora temo a la oscuridad. Tampoco quiero despertar de este sueño, salir de ese HOGAR uterino, ubicado en Mataelpino.

Qué duro es estar vivo, rodeado de tanta gente que evidencia más mi soledad, buscando los abrazos que sentí (dormido o despierto) y encontrar el aire, ahora frío, besando mi cara. Dormitar sin escuchar aquellos ronquidos, quizás molestos; Pero que ahuyentaban esa soledad. O buscar ese descanso en la noche silenciosa, demasiado silenciosa, casi muerta, sin relajarme con la vibración sempiterna de los cuencos tibetanos con los que Luís nos transportaba en su mágica nana a otras montañas más nevadas y tan altas que acariciaban el mismo cielo.

Los rostros se difuminan, los nombres se confunden. Me gustaría tener la edad de Alex, aunque solo fuera para retener todos los nombres que pronunció con tanto cariño en su despedida, incluidos los de los ausentes, con quienes también quiero compartir esta experiencia.
Quizás si hablara mi alma joven y rica, abundante en el amor, pero apresada en este cuerpo gastado por la propia existencia hostil, todos os veríais reflejados; porque todos fuisteis luz en mi alma.
Una sinfonía de quince corazones que latían a distinto ritmo, pero en el mismo tono y con la misma armonía, quizás esta vez en LA menor
Quiero volver a soñar. Necesito volver a escuchar otra sinfonía, tal vez diferente, en SÍ bemol o en FA sostenido, pero interpretada con el mismo amor. El que dejasteis en mi corazón, donde os llevo a los quince músicos.
Quiero que me permitáis dar la última nota: ¡¡¡GRACIAS por vuestro regalo!!! Estas van en DO mayor.

Poli.

 

 


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