“Ballerina” (2016), y la necesidad de poder ver más películas protagonizadas por personajes femeninos 1


Seguro que si todos nos preguntamos un puñado de películas del género de animación infantil que estén protagonizadas por personajes femeninos y que no hagan de meros “acompañantes” sentimentales, y poco más, de sus parejas masculinas de ficción, de sus historias o aventuras, se nos ocurrirán a bote pronto, las más habituales que todos tenemos en nuestras cabezas.

A saber: Brave, Mulan, Pocahontas, Zootrópolis… (las 3 o 4 primeras películas que me vienen a la mente -seguro que hay más, muchas más, pero sí ya tengo que pensarlo demasiado, mal asunto…-).

Es decir, que aparentemente, el que afirme que las niñas o los personajes femeninos en general, no están lo suficientemente representados en el cine pensará que exageramos, o que “no es para tanto”, pues rápidamente, nuestro subconsciente nos trae a la palestra un puñado ellas…

Sólo un pequeño dato.

Mulan es del año 1998, y Brave del 2012, y son los dos primeros ejemplos que surgen cuando hacemos la misma pregunta a diferentes personas, sobre todo padres y madres que solemos ir al cine a ver una película destinada al público familiar protagonizada en su gran parte, por “niños”… (definición de protagonista: “Personaje principal de una obra literaria, una película u otra creación narrativa”).

Recurrir a películas de hace casi 20 años, en un caso, o de hace 4 o 5 en otro, me temo que no necesariamente pasa por ser la mejor de las respuestas posibles. Vamos a profundizar un poco más.

Teniendo en cuenta que al año se estrenan (al menos en los últimos años) aproximadamente una media de 350 películas solo en España, estoy convencido de que si rascamos un poco más o incluso si miramos el listado de estrenos anuales (el tipo de historias, el argumento, los protagonistas, los directores, los actores/actrices), estaremos de acuerdo, en que la presencia de la mujer en el cine (sea el género que sea) es poco menos que testimonial o minoritaria. Os animo a leer el siguiente artículo de Tribuna Feminista, al respecto del tema, en donde se sitúa la presencia de las mujeres en papeles protagonistas en un exiguo 22% de las películas que tenemos al alcance en nuestros cines:

http://www.tribunafeminista.org/2016/11/necesitamos-menos-hombres-protagonistas/

Es decir, hablando alto y claro y resumiendo esta pequeña reflexión con un titular o resumen:

Esa “pequeña gran minoría” de público potencial, que conforma el 51% de la sociedad que son las MUJERES, se tiene que conformar con ver películas en las que no están convenientemente representadas (escasamente un 22% del total).

¿Casualidad? ¿Ley de la oferta y la demanda? ¿Machismo sutil y discriminación sexista? ¿Puro mercantilismo sin ánimo de discriminación?

Creo que cualquiera de nosotr@s puede llegar a la conclusión oportuna, repasando su lista de películas favoritas, o simplemente yéndose a la estantería de DVD’s del comedor, y echándole un vistazo a las películas que allí se encuentren y responderse a sí mismos.

Así que, permitámonos sin miedo, destacar, comentar y celebrar que existan películas como ésta, que sin tener un discurso marcadamente feminista, sí al menos, se molesta en derribar ciertos tópicos adscritos históricamente al género infantil, y apostar dentro de unos límites indudablemente comerciales, por ofrecer otro tipo de historias protagonizadas por otro tipo de perfil de personajes.

Recordemos también que lo importante no es solo que las películas las protagonicen niñas o personajes femeninos, sino lo importante y fundamental, es que lo que se diga dentro de las mismas (y el mensaje que aporten) actúe en consecuencia con lo que se pretende transmitir. 

Tampoco se trata de hacer películas exclusivamente “de niñas” o “para niñas” (si es que esa actitud o predisposición a fabricar un producto con esas señas de identidad no deja de ser otra versión más del sexismo y machismo que denunciamos del cine comercial), de la misma manera que el resto de la gran producción audiovisual que engullimos, no nos la venden como “única y exclusivamente” como cine por y para niños…

Se trata que dentro de la actual y diversa oferta de películas a nuestro alrededor (cada vez mayor), tengamos la libertad o la posibilidad de poder ver películas protagonizadas por mujeres, no solo en historias de mujeres, sino en historias de mujeres y de hombres, y que no necesariamente hagan lo que se esperan de ellas en todo momento.

Es más que evidente que la invisibilización de la mujer en el mundo del arte (tanto en contenidos como en repercusión en los medios), del cine y en general del sector del entretenimiento (y en el deporte, en la ciencia, en la política, etc), imposibilita que las mujeres más jóvenes encuentren a su vez modelos de mujer en las que fijarse y verse reflejadas de forma positiva y con la merecida y justa importancia.

Algo que los hombres, desgraciadamente en muchos casos (puestos que algunos de los modelos de hombres “famosos” que tanto parecemos “admirar” no son sin duda los más eminentemente remarcables), tenemos tan al alcance de la mano y del mando (de la televisión, por ejemplo), que no nos produce la más mínima reflexión o empatía con respecto a las que no tienen ese tipo de privilegios…

Sí, ya sé que en la actualidad está muy de moda derribar, atacar y destruir el histórico convencionalismo y conservadurismo del cine de Disney, y todo el daño e influencia que ha protagonizado en las últimas 8 décadas, cine, con el que todos y todas hemos disfrutado y crecido desde bien pequeñitos, y al que es más que evidente se le puede poner mil y un “peros”.

Pero recordemos también que existen otros tipos de cine de animación, lejos de sus fronteras o limitaciones, y que inevitablemente siguen muchos de los patrones creados y heredados desde hace tanto tiempo por esa compañía y que también merece la pena revisar concienzudamente.

A mí, particularmente, de poco me sirve intentar destruir lo hecho anteriormente, pues pertenece a otra época y a otro momento social en el que quizás no estaban tan presentes las demandas o reivindicaciones feministas tan necesarias en estos días.

Si no podemos cambiar ni mejorar el pasado, sí por lo menos, podemos trabajar y reflexionar sobre el presente que queremos vivir aquí y ahora, y el futuro que pretendemos construir para la generación de nuestrxs hijxs.

Y en el aquí y ahora, me interesa sobre todo, que apostemos por modelos más igualitarios, equitativos, menos sexistas y sobre todo más libres en elección y diversidad, que los que habitualmente nos han ofrecido desde siempre los clásicos roles aparentemente indestructibles de los géneros masculinos y femeninos.

No vamos a decir que en esta película sea todo perfecto, ni mucho menos, pero al menos, supera con nota el nivel de media de tópicos o lugares comunes que nos solemos encontrar en este tipo de películas.

No me gusta por ejemplo la utilización de ciertos personajes secundarios, de los mal llamados “malvados”, porque como siempre, utilizan el aspecto físico (sobre todo en la cara, en los gestos, en la presencia, en el aspecto incluso del vestir) para asociarlos con un cierto comportamiento contrapuesto a los “buenos”, que no me gusta ni me complace (esa asociación de ideas, de malos=feos y de buenos=guapos, me parece cuanto menos perversa…)

Tampoco me agrada esa excesiva obsesión proveniente del mundo adulto del necesario sufrimiento, el esfuerzo inabarcable, el tesón, la constancia inalcanzable y una serie de cualidades tan poco “infantiles”, que volcamos siempre sobre la infancia como método para alcanzar los sueños (el sueño de la bailarina protagonista es bailar y disfrutar en primer lugar, después vendrán los ensayos a las 5 de la mañana y en jornadas interminables, como camino a conseguir las metas que por lo general los adultos imponen, no los niños -esa coprotagonista rival final de Felicia, brillante, metódica y perfeccionista, que responde como responde a la pregunta de por qué ella baila…-); ni ciertos aspectos más convencionales que parece que los autores por miedo a ser demasiado “rompedores” no se atreven a eliminar de la fórmula o de los recursos más tradicionales, como por ejemplo la habitual y consabida “disputa romántica y competidora” de los dos chicos antagónicos con respecto a la conquista femenina de turno (la protagonista, obviamente) que es más que evidente que no hace ninguna falta (¿cuántos años tienen los protagonistas por favorrrrr?), y que está metido, como no, con calzador. En fin…

Quedan también otras facetas o arcos argumentales (el pasado de la limpiadora-profesora de ballet, su relación-complicidad con el profesor de ballet de Felicia, etc) muy poco hilvanados, y la necesidad también de introducir innecesarias escenas de acción parece que como excusa para que el ritmo no decaiga (como siempre asociamos el interés de un film, en que el grado de atención no decaiga en todo el metraje del largometraje), por otra parte innecesarias cuando tenemos la posibilidad de disfrutar de escenas de baile, maravillosamente coreografiadas y puestas en escena.

Pero con todo lo bueno y lo malo que nos aporta esta película, nos quedamos con que por primera vez en mucho tiempo, vemos una película que inicia su andadura con dos personajes, uno masculino y otro femenino (la inevitable pareja como modelo heterosexual a representar permanentemente) y que si bien al principio parece recorrer los habituales escenarios que más nos “preocupan” (él es el encargado de ayudarla a ella a escaparse del orfanato, él es el encargado de arreglarle permanentemente su juguete preferido cada vez que sufre un percance o accidente, él es el encargado de poseer la información tan valiosa para ella -esa tarjeta postal de la Ópera de París-, él consigue llevarla puntualmente al estreno de la ópera gracias a su artilugio volador, etc), al final, ¡¡¡por fin!!!, vemos una escena final de una película protagonizada por una niña, en la que ella es la única protagonista y valedora de sus esfuerzos y de la consecución que ellos le llevan a su tan preciado sueño u objetivo.

Sin la necesidad, de que ningún personaje masculino intervenga de forma meritoria en su meta u objetivo final. O lo que es lo mismo, sin la necesidad de que aparezca en escena ningún de esos “estirados” príncipes azules cortados por un único patrón inevitablemente caduco y pasado de moda…

Creo, que tal y como está el panorama actual de la presencia e importancia de la mujer en el mundo de las artes, y concretamente en el del cine, que es el que ahora mismo estamos comentando, no es poco.

Así que, bienvenida está Ballerina y otras películas que decidan apostar por este tipo de historias y personajes tan necesarios.

 

 

Víctor Sánchez

Círculos de Hombres


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