Quiero ser un hombre (por Víctor Sánchez)


(Pintura de Paolo Troilo)

Quiero ser un hombre

 “… Dicen que aquellos que nacen en luna llena, cuando en ningún lugar de la tierra sopla el viento y los lobos no aúllan porque tienen faringitis, reciben el don inapreciable de tener un hada madrina. Y que ésta les concede un deseo cada diez años.

Al cumplir diecisiete años, Andrés se internó por primera vez en el bosque al encuentro de su hada madrina. La encontró bromeando con unas flores a las que cambiaba de color en medio de sus risas y a pesar de sus protestas.

-Hola, Andrés, ¿cuál es tu deseo?

-Quiero ser un hombre.

-Ya lo eres.

-Quiero decir todo un hombre, un auténtico hombre.

-¿Y eso en qué consiste, Andrés?

-Quiero ser un gran guerrero.

El hada madrina lo convirtió en un gran guerrero. Durante diez años, Andrés derrotó ejércitos, rindió fortalezas inexpugnables, mató hombres de todos los colores y tamaños y fue aclamado por miles de soldados como el más hábil y fuerte luchador. Pero cuando volvió a encontrarse con el hada ésta lo halló triste.

-No estoy seguro de que eso sea ser un hombre, un auténtico hombre, madrina.

-¿Cuál es, entonces, tu deseo?

-Quiero tener poder, quiero que todos me obedezcan.

El hada madrina lo convirtió en un hombre muy poderoso, dotándole de riqueza para comprar y sobornar, de astucia para juntar y dividir y de la indiferencia suficiente para no sentir jamás escrúpulos. Diez años después acudió cabizbajo a la cita con su hada madrina.

-No estoy seguro de que el poder sea lo que distingue al hombre auténtico.

-¿Cuál es, entonces, tu deseo?

-Quiero ser un sabio prestigioso.

Lo fue. Nadie gozó de tanto reconocimiento por su ciencia y buen criterio. Las universidades se disputaban entre sí nombrarlo doctor honoris causa, los científicos le escuchaban con el silencio más respetuoso y no sólo le pedían consejo los reyes, sino también los jóvenes amantes, que es mucho más difícil.

Diez años después, el hada madrina lo encontró en el bosque con barba de tres días.

-Te has adelantado a la cita.

-Estaba inquieto. No estoy seguro de que ser sabio sea lo que distingue al verdadero hombre.

-¿Qué quieres que te conceda?

-Quiero cuidar y proteger a una mujer y a una descendencia numerosa.

-Necesitarías más de diez años. Bueno, veré lo que puedo hacer.

A la mañana siguiente, Andrés se encontró casado con una dulce mujer y reproducido con asombrosa fidelidad por diez niños de edad escalonada de año en año a partir de los dos meses. Durante diez años continuó teniendo niños. Y a todos mantenía con su trabajo y protegía con su fuerza e inteligencia.

La nueva cita convocó a la madrina con un Andrés muy abatido.

-¿Tampoco era eso lo que querías?

-Se dejan cuidar y proteger muy poco. Conforme se hacen mayores parecen no necesitar de mis consejos, y ella es fuerte, ¡vaya si lo es!

-¿Qué te concedo ahora?

-Quiero ser todo un hombre. Quiero conquistar muchas mujeres.

El hada madrina suspiró.

-Podrías haber pensado eso hace veinte años. Me hubiera resultado más fácil que ahora, pero… vale.

Cuando se alejaba, Andrés oyó que le llamaba el hada y se volvió.

-Ah, Andrés. Supongo que también querrás ser muy fogoso sexualmente y todo eso. Antes de que me lo tengas que pedir dentro de diez años más, te lo concedo ahora.

Marchó Andrés agradecido y antes de salir del bosque encontró a una bella campesina que al verle suspiró y dejó caer el cántaro de leche que portaba; temblaron los robles con el estrépito de sus efusiones. Y se iniciaron así diez años en los que Andrés gozó de los favores de más campesinas y de princesas, de matronas y curanderas, que eran los oficios que en aquella época dejaban ejercer a las mujeres, y de sencillas amas de casa y complejas doncellas.

-Esperaba verte contento esta vez -le dijo el hada al encontrarse de nuevo.

-Eso no es ser un verdadero hombre.

-¿Qué quieres, pues, ahora?

-Eso. Ser un verdadero hombre.

-Ya te dije hace cuarenta años que eras un hombre.

-Pero yo quiero ser todo un hombre, un hombre auténtico.

-Mira, ¿por qué no te olvidas de eso? Has matado, has oprimido, has reprimido, has abandonado, has causado dolor y has dado la lata buscando ser un verdadero hombre. Y no has sido feliz. Puedo concederte que seas feliz.

-No quiero ser feliz. Lo que quiero es ser un verdadero hombre.

-Pues, mira, hijo -contestó el hada madrina-, vete a hacer puñetas…”

 

Josep-Vicent Marques (1943-2008), sociólogo y escritor valenciano, precursor de los primeros intentos y avances en el estudio de lo que en las últimas décadas hemos querido aglutinar en torno al concepto de lo que consideramos ‘nuevas masculinidades’ (término ahora convenientemente discutido y ciertamente denostado también), contaba este breve relato con bastante acierto y no menos gracia, en su libro “Curso elemental para varones sensibles y machistas recuperables” (1991).

En él, de manera clara y sencilla, expone muchos de los comportamientos que el hombre, empujado por esos ridículos mandatos de género, y en busca de la persecución interminable de metas inalcanzables e infructuosas en la que se va convirtiendo su vida, acaba por traducirse en una interminable fuente de sufrimiento e infelicidad continuas.

Igualmente recomendables son sus libros “¿Qué hace el poder en tu cama?” y Sexualidad y sexismo (éste último coescrito con Raquel Osborne), así como su tesis doctoral “La construcción social del varón” y su premiado artículo “Sobre la alienación del varón”.

En todos ellos desgrana con inusitada ligereza lo que ningún otro libro ni autor posterior en el panorama nacional durante las últimas tres décadas y media, ha sabido narrar con tanto acierto y tan poco análisis ‘sesudo’ y farragoso.

Quizá en una época donde empiezan a estar de moda publicaciones y libros que siguen indagando (¡¡por fin!!) con una cierta continuidad y profundidad en tratar de (re)significar aquello de que es “ser un hombre” hoy en día, convendría pararse, y echar la vista hacia atrás, aunque sea por breves momentos, y dejar de buscar una pregunta sin respuesta y que no nos conduce a ningún sitio (o peor, nos conduce al sitio que ya todos conocemos, ligeramente maquillado), para centrarnos en lo verdaderamente importante.

Decía Jokin Azpiazu en su imprescindible “Masculinidades y feminismo” (2017), “… ¿Es posible pensar la masculinidad desde la propia masculinidad? … ”

Añado yo: ¿Es posible ‘repensar’ la masculinidad desde la propia masculinidad?

A los hombres que llevamos ya una buena cantidad de años en este trabajo interminable que supone la reflexión sobre nuestra(s) masculinidad(es), es sin duda, como mínimo, una pregunta suficiente pertinente para pensar debidamente sobre ello.

No sea que caigamos en el error, de seguir visitando a nuestra particular ‘hada madrina’ cada diez años…

Víctor Sánchez

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