“Hombres” (2006) de José Pedro Estepa


El 20 de noviembre de 2016 se emitió el documental “Hombres” dentro del programa Documentos TV.

 
“Cada vez hay más hombres hoy en día que se preguntan en qué consiste ser hombre. Es este un debate de gran complejidad que gana terreno lentamente, sin grandes estrépitos. Se trata del debate acerca de la presunta “crisis de la masculinidad”, generada principalmente por el avance social, familiar, laboral y sexual de las mujeres en las últimas tres décadas.

En veinticinco años, las mujeres han desencadenado una revolución que está afectando profundamente a las relaciones con los hombres. Por efecto de esta dinámica, los hombres han podido, también, empezar a cuestionar su identidad, su coraza de teórica fuerza e invulnerabilidad. Pero existe una gran inquietud masculina frente a esta adquisición de libertad y espacio de las mujeres. Y una gran dificultad para adaptarse a esta nueva realidad.

Y en esta nueva realidad, no se trata de dar respuestas machistas, sino respuestas vitales, que puedan conformar un movimiento de hombres nuevos, con una nueva dimensión de la masculinidad.

Nuestros personajes nos permitirán introducirnos en los grupos de reflexión masculina, que nacieron en los años ochenta. Cada vez hay más grupos de hombres que se reúnen e intentan redefinirse interiorizando su parte masculina y también la femenina, para recobrar la confianza en la masculinidad”.

Esto dice también, una breve reseña que podemos encontrar en la web de RTVE:

“… “Hombres” aborda la búsqueda de respuestas a la pregunta ¿qué es el hombre? A través de varios testimonios, el documental emitido en 2006 intenta establecer elementos comunes en cuanto a las características, valores y estilos del hombre en la sociedad …”

 

Lo primero que me viene a la cabeza al ver este documental, es que, a pesar de haber pasado tan solo 10 años desde su emisión, da la sensación de estar mirando o viendo un documental de hace más de 20 o 30 años…

No solo por la imagen o el aspecto visual que tiene el mismo, sino, por los argumentos, las declaraciones, las frases y las experiencias que nos cuentan sus protagonistas.

Argumentos que, en algunos casos, y aún a sabiendas de que se trataba de una iniciativa recientemente empezada en aquellos tiempos, dan la sensación de una cierta ingenuidad y poca profundidad para los tiempos que corren.

Lo cual, por una parte, dice y mucho que en la actualidad el discurso pro-feminista (incluso el que atañe exclusivamente a los hombres) está ya en otro nivel algo más elaborado. Algo es algo.

Estamos ante la inmersión de hombres dentro de sus propias y respectivas personalidades, más como respuestas a sus dudas, temores o dificultades en encontrar su propio espacio dentro de la actual masculinidad imperante y monolítica, que a un encuentro en busca de las mujeres que reclaman sus derechos con respecto a la tan aparentemente inalcanzable igualdad (real).

Esas mujeres que definitivamente se han cansado ya de esperar(nos).

Como se menciona en el propio documental, el paradigma (masculino) antiguo no funciona, y el nuevo todavía, aún no sabemos cuál es ni dónde encontrarlo.

Y los hombres hemos sido siempre poco creativos e investigadores por nosotros mismos para solucionar problemas que nos sobrepasan inicialmente.

Nuestra competitividad endémica masculina no sirve cuando buscamos respuestas a nuestros propios cuestionamientos.

Así que, es todo un descubrimiento ver grupos de hombres, reuniéndose desde los años 80 (que es cuando nos cuentan se empezaron a formar o poner de “moda” este tipo de encuentros), para compartir cuestionamientos, experiencias, emociones, sentimientos, espacios afectivos, y transformaciones o evoluciones personales, a un aparente estado, de una masculinidad más desarrollada y respetuosa con el género femenino.

Pero visto el documental 10 años después, nos surge la/s siguiente/s pregunta/s de difícil respuesta:

¿De verdad son los grupos de hombres, suficiente respuesta o el mejor camino posible para el cambio o transformación de las masculinidades tradicionales?

¿Es suficiente ese “único” esfuerzo?

¿O es simplemente una mera adaptación a los nuevos tiempos que corren en donde las mujeres requieren presencias masculinas “diferentes”?

¿Hasta dónde llegarán a influir en las nuevas generaciones esas “nuevas masculinidades” que se proponen desde diferentes propuestas de iniciativas como la que se resalta en el documental que nos ocupa?

¿No nos estaremos únicamente quedando en el umbral de la puerta, sin sumergirnos ni implicarnos de verdad en el problema del machismo y en todas sus ramificaciones?

¿Siguen esos hombres que hace 10 años acudían puntualmente a sus citas o grupos masculinos asistiendo a día de hoy a los mismos grupos, o se han desvanecido esas buenas muestras de aparente cuestionamiento masculino?

 

Me da la sensación de que los círculos o grupos de hombres están muy bien como iniciativas introductorias a otra forma de enfrentarse a la masculinidad. Pero un primer paso, no una justificación o meta por sí misma.

Nuestro camino puede y debe empezar en iniciativas como éstas, pero es necesario un mayor trabajo y una implicación más profunda si queremos realmente dejar constancia en la sociedad de nuestro cambio como hombres.

En nuestra responsabilidad está el aportar o ayudar a cambiar la masculinidad y el machismo imperante en la sociedad de una forma mucho más evidente, profunda y visible (de puertas afuera).

Y visto el documental 10 años después, y conociendo de cerca a algunas de las personas, aunque sea apenas a través de su presencia visible en las redes sociales y en eventos/encuentros/conferencias a lo largo del territorio español (José Angel Lozoya, Hilario Sáez, Franches Belenguer…) y asociaciones que aparecen representadas dentro de él (AHIGE), sinceramente, veo y cuestiono que en 10 años hayamos sido tan poco capaces de conseguir más cosas (me refiero no a los protagonistas de este documental sino al género masculino “consciente” en particular).

Nada que ver, con lo que, en el mismo período de tiempo han conseguido las mujeres, extendiendo y difundiendo un mensaje que llega de forma visible, rotunda y “definitiva” a la primera línea del espacio público de los medios de comunicación, de la movilización en las calles y de la presencia en las más de 5000 asociaciones feministas que pueblan el territorio español.

Quizá, solo quizás, deberíamos empezar a ser conscientes de nuestras propias limitaciones, de enterarnos de una vez por todas que “cuidando” y mimando nuestras parcelas individuales de masculinidad y paternidad no vamos a conseguir cambiar ni influir, en el real problema del machismo y de la violencia de género, que tal y como se dice en el documental es “un problema de hombres que sufren las mujeres”.

Y mientras sigamos mirándonos al ombligo, intentando alcanzar una mayor aceptación de nosotros mismos “entre” nosotros mismos, poco podremos trascender e influir en el verdadero problema que está tan presente en la sociedad y que sigue creciendo de una manera exponencial.

Las mujeres nos llevan décadas de ventaja en un movimiento (el feminismo) que recordemos lleva 3 siglos de historia a sus espaldas, mientras nosotros somos unos recién llegados que apenas llevamos un puñado de años tratando de concienciarnos, pero a una velocidad que se me antoja demasiado lenta.

Tenemos claro que la violencia contra las mujeres sigue siendo la violación de los derechos humanos más tolerada.

 

 

Y sin embargo, creemos necesario que este camino reivindicativo lo tenemos que “protagonizar”, liderar, y comandar los hombres (al menos en la parcela que consiste en concienciar a otros hombres) …

Y creo que eso es un grandísimo error.

Y mientras no nos demos cuenta, seguiremos perdiendo el tiempo en no conseguir avanzar a la velocidad que nos piden.

Sabemos que “éste” es el momento.

El momento en el que la historia nos está reclamando nuestro do de pecho. Y podemos subirnos al carro y empezar a feminizar los espacios que siempre han sido de protagonismo y presencia masculina, o podemos perdernos como granos de arena en una inmensa playa que sigue renovándose a una velocidad de vértigo sin conseguir que nuestras buenas propuestas se queden en agua de borrajas.

No es una cuestión únicamente de conciencia masculina.

Es una cuestión de empezar a hacer cosas y hechos que dejen huella.

Que sean presentes, tangibles y duraderos.

Quizá sería bueno empezar a preguntar a las mujeres de qué forma podemos ayudarlas a resolver un problema que definitivamente se nos ha escapado de las manos.

Si nuestro orgullo masculino heterosexual lo permite, claro.

 

Víctor Sánchez

Círculos de Hombres

 

 

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