Hombres frente al Patriarcado


 

El pasado jueves día 25 de mayo, tuvimos la oportunidad de asistir a un debate (a horas un tanto intempestivas dicho sea todo de paso) que llevaba por título “Hombres Frente al Patriarcado”, promovida por el Área de la Mujer de ALA (Asociación Libre de Abogadas y Abogados).

 

En él se planteaba a través de la presentación inicial de Carmen S. Vidanes, un pequeño análisis de la actual implicación masculina en los ámbitos feministas, pues sentían desde el Área de la Mujer, desde hace tiempo, que ni la implicación, ni el interés, ni siquiera una empatía de lo más básica frente al problema que sufren las mujeres, estaba mínimamente representada (en este debate sí, pero no en otros numerosos escenarios y eventos organizados previamente) por la presencia masculina.

 

Así que, en la propuesta del debate y en la organización del mismo, sobrevolaba esa inevitable pregunta: ¿Dónde están los hombres en las reivindicaciones feministas?

 

Acertadísima estuvo Carmen, en su primera apreciación del acercamiento que los hombres tienen al problema de la violencia contra la mujer y por extensión, al cuestionamiento del sistema patriarcal y a posturas feministas a través de 4 modelos masculinos reconocibles por su grado o nivel de concienciación e implicación:

 

-los hombres que no demuestran ninguna empatía ni preocupación por el problema,
-los hombres a los que les preocupa el problema, pero no les interesa lo suficiente como para tomar partido,

-los hombres a los que les preocupa e interesa el problema, pero que se sienten excluidos dentro del movimiento feminista (por razones también “machistas”, aunque aparentemente enmascaradas por un mal entendimiento del movimiento feminista), lo cual repercute en una participación e implicación que debería ser más decidida y visible,

-y, por último, los hombres, que renuncian no solo a sus privilegios de género (o al menos son conscientes de tenerlos y de tratar de modificarlos) sino que se preocupan, se interesan, no se sienten excluidos dentro del movimiento feminista comandado y dirigido por las mujeres (porque no necesitan el protagonismo de género del que siempre ha hecho gala el hombre) y participan activamente en ponerle remedio, enfrentándose ante el problema cara a cara con sus congéneres masculinos (inevitable la cita de Kelley Temple: Los hombres que quieren ser feministas no necesitan que se les dé un espacio en el feminismo. Necesitan coger el espacio que tienen en la sociedad y hacerlo feminista)

 

Y el debate empezó con las ponencias de Pablo Padilla y Alberto Moreno, que dejaron de forma clara que su presencia en este debate se debe a su condición “masculina”, no a sus respectivas profesiones ni cargos políticos que ocupan en la actualidad.

 

Desde dos posiciones implicadas y sinceras como “aliados” del feminismo, sin ningún ánimo de protagonismo ni de heroicidad (ésas fueron sus respectivas y creíbles tarjetas de presentación) por mostrarse cercanos a las reivindicaciones feministas.

 

 

Se constató la gran diferencia que existe actualmente en la sociedad española, entre el discurso feminista, cada vez más perfeccionado, integrado y desarrollado por una gran cantidad importante de mujeres, y el resto de la sociedad, que mucho nos tememos, va con un ritmo y una velocidad frente a los cambios, mucho menor de la que se podía esperar para el indudable momento histórico que estamos viviendo y que se palpa en el ambiente.

 

Esta “brecha de género” (permitidme utilizar este término o juego de palabras) en la concienciación y acción de las más implicadas en el movimiento feminista y el resto de la población, puede provocar que avancemos cada día más a una especie de “gueto feminista” poco menos que elitista, al que, bien por miedo, bien por lejanía o falta de empatía, bien por falta de entendimiento en la profundidad del mensaje de ese propio discurso, tan cada día más “perfeccionado”, se corre el riesgo grave de caer, provocando una ruptura total entre las personas que quieran concienciar y las personas que se resisten a “cuestionarse” y reflexionar al respecto.

 

Algo en lo que todas las personas implicadas en la transmisión de este mensaje deberíamos ser capaces de pensar debidamente, para ver en qué términos se está recibiendo esta transmisión del mensaje a cargo del receptor, que por diversas razones, se muestra cada día, más escéptico y encerrado en sí mismo, y todavía más allá, más violentamente increpado ante el cuestionamiento de su masculinidad.

 

Breve dato que Pablo puso sobre la mesa.

 

 

Solamente el 1,6% de los/as españoles/as considera la violencia contra la mujer como UNO DE LOS TRES PROBLEMAS MÁS GRAVES a los que se enfrenta la sociedad española en la actualidad.

 

Poco más se puede decir ante un dato que habla por sí solo (recordemos que, en esa encuesta del mes de febrero realizada por el Centro de Investigaciones Sociológicas -CIS-, se consideraba el problema de la violencia contra la mujer como en el puesto nº 19 de las preocupaciones en orden de importancia en la población española, un dato desde luego, a todas luces descorazonador).

 

Fue Alberto quien trajo a la palestra los famosos grupos de hombres, que el mismo conoce desde hace 10 años, cuando acudió al primero de ellos, en México, y comprobó que era “eso” de la transformación de la masculinidad hegemónica y demás cuestiones de género.

 

También fue inevitable la “corrección” o matización sobre el carácter “no terapéutico” que debían tener esos grupos o círculos de hombres en donde no se busca ningún tipo de cambio inducido o conducido a través de la figura de un psicólogo o terapeuta que ejerza de vehículo transmisor, y lejos del afán mercantilista por un interés económico no justificado ante la necesaria presencia masculina en esos grupos…

 

También es verdad, que quedó constatado una vez más, por personas expertas en facilitar y/o asistir a este tipo de grupos con sola presencia masculina, el verdadero alcance de la importancia de estos grupos.

 

Son solo pequeñas puertas que dan paso a la concienciación, pero que no se convierten por sí solas, en acciones o implicaciones realmente de cierta entidad o profundidad, que provoquen ningún cambio de peso en la sociedad (ni siquiera en los propios asistentes a esos grupos).

 

Es necesario, ir mucho más allá y seguir un tránsito individual y colectivo en busca de derribar esos privilegios que siguen “estando ahí”, independientemente de lo mucho o lo poco que nos queramos dar cuenta.

 

Si solo tomamos consciencia nosotros mismos, sin “exportarlo” ni “venderlo” de puertas hacia afuera, hacia la sociedad que todavía transita caminos poco respetuosos, me temo que nos estaremos quedando en el umbral de un problema sin acabar de traspasarlo y transformarlo debidamente.

 

Es necesario un trabajo constante y continuo en desaprender viejos comportamientos y enseñanzas que llevamos con nosotros de forma consciente e inconsciente, a modo de mochila (no solo emocional), sustituir la culpabilidad por la responsabilidad, y coger el testigo de las mujeres que durante décadas se han tomado la molestia de dirigirse a los hombres para cambiar su modelo de comportamiento.

Ahora, todos esos hombres que gracias a las mujeres hemos cambiado nuestra manera de dirigirnos a ellas, somos los que debemos coger el testigo, y ser los que tomemos el mando en hacer reflexionar a otros hombres.

 

Es necesaria una mayor presencia masculina, una mayor implicación, un mayor acompañamiento en las reclamaciones feministas.

 

Reconvertir esa falta de interés, esa invisibilidad masculina, en una nueva forma de hacer los espacios masculinos más feministas (inevitable por otra parte la mención de los micromachismos y de todos esos espacios y escenarios que a todos nos viene a la cabeza de forma automática, para empezar a desterrar de una vez por todas esa presencia hegemónica masculina que muestra y demuestra tan poco valor por la presencia femenina).

 

Se analizó también el momento actual en el que nos encontramos.

Pusimos y medimos en la “balanza”, los Avances vs. Retrocesos del momento histórico que ahora mismo protagonizamos en la evolución de un movimiento feminista que parece haber cogido velocidad de crucero.

 

Fue inevitable, recoger el tan temido “miedo” por los comportamientos machistas que se aprecian en la juventud actual, y las reflexiones que se hicieron al respecto, iban encaminadas hacia una realidad alejada de la idea que más nos suele llegar desde los medios de comunicación.

 

Independientemente de que la juventud actual tenga determinados comportamientos que inducen al mayor de los pesimismos, también es verdad que la juventud actual, numerosísima y variadísima en sus percepciones de los problemas que nosotros ahora, en nuestra época adulta nos atrevemos a “juzgar y medir”, parte de un punto de partida sensiblemente diferente al nuestro.

 

Por suerte, la juventud actual no tendrá que recorrer el mismo camino de desaprendizaje que hemos hecho nosotros tan profunda y tan tardíamente.

Es decir, que motivo también hay para la esperanza, y para una mayor implicación vivida desde la naturalidad y no desde el aprendizaje forzado.

 

Por supuesto, si desde los centros educativos se pueden promover campañas de sensibilización e información sobre el problema, mejor que mejor.

 

Llegó también el momento de ruegos y preguntas que iniciarían el debate con el público asistente, con a mi entender, una cierta desconexión entre lo que se pretendía mostrar desde el planteamiento de la charla y la receptividad de parte del público, ante una postura que a mí me pareció un tanto “a la defensiva” en algunas intervenciones (como no, masculinas), entresacando los claros ejemplos de mujeres que también demuestran comportamientos machistas o expresiones del lenguaje aparentemente “inofensivas” a las que no debería darse mayor importancia (sic).

 

Nos enredamos inevitablemente con el asunto del lenguaje inclusivo, sin ponernos de acuerdo en la verdadera importancia que tiene en todo esto del feminismo, y en el lugar que ocupa entre todos esos grandes problemas pendientes de resolver del movimiento feminista…

 

Quizá el público mayoritario allí presente, del mundo de la abogacía, tan “correcto” y tan medido (el uso del lenguaje, no el colectivo que ejerce esa profesión) no fue todo lo predispuesto, ante lo que, sin duda, se conoce y reconoce como una de las grandes barreras para luchar contra la invisibilidad de la mujer en la sociedad actual.

 

Es inevitable, también llegado a este punto, recurrir a la cita de George Steiner Lo que no se nombra, no existe”.

 

Aquí también, Pablo nos echó “una mano” y nos recomendó visitar la imprescindible iniciativa de Golondrinas a la RAE para todo aquel/la que no la conociera y quisiera indagar un poco más en la necesidad del uso de un lenguaje más inclusivo y equitativo, con perspectiva de género.

 

Y las dos horas no pudieron dar mucho más de sí, porque la verdad es que pasaron volando.

 

Me quedo a modo de resumen, con las dos ponencias iniciales más que con el debate posterior, tremendamente interesantes, no por resultarnos desconocidas en sus planteamientos (cualquier hombre con un mínimo concepto y empatía frente al feminismo, vería con buenos ojos cualquiera de los dos discursos masculinos), sino por encontrarnos otro modelo de masculinidades netamente diferentes a los que estamos acostumbrados a ver y escuchar en cualquier escenario de la sociedad actual.

 

También es necesario destacar y celebrar la necesidad de que se sigan organizando eventos de este tipo, para conseguir que la implicación masculina deje de ser meramente “anecdótica” y empiece a tomar el lugar que verdaderamente le corresponde.

 

Víctor Sánchez

Círculos de Hombres

 

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *