Se equivocó la paloma (evocando a Alberti) – Por Poli


HIJA (ilusionada).- ¡Le
quiero, le quiero, le quiero!

Me cautivan sus ojos,

sus labios, sus besos,

su voz grave y honda,

sus músculos férreos,

sus anchas espaldas.

Es guapo y esbelto.

Su boca sabe a miel.

Su piel me huele a brezo.

Sus palabras me embelesan,

por sus lisonjas me pierdo

y ese toque de malote,

espanta todos mis miedos.

Nadie más ya me molesta,

porque él, se cuida de ello.

Es mi caballero andante,

que en la noche vela el sueño.

Me protege del peligro,

y me dicta qué es lo bueno.

PADRE (preocupado).- No te protege mi niña,

te anula y te tiene aislada

HIJA.- No necesito a la gente,

con él me siento mimada.

El mundo entero me sobra,

cuando encuentro su mirada.

PADRE (contariado).- No me gusta este
muchacho.

Eres otra, estás cambiada.

HIJA (justificando).- ¿Estás celoso, papá?

¿O tu mente está anticuada?

Sabrás mucho de mujeres,

pero de los hombres nada.

Estos ya no son tus tiempos;

los hombres son de su casa.

Este chico me cocina.

¡Tú no sabes cómo plancha!

¡Cómo barre, como friega!

¡Cómo brillan sus ventanas!

PADRE.- Eso se compra barato.

La libertad es más cara.

¿Por qué cuando suena el móvil

te pregunta quién te llama?

HIJA (justificando).- Porque le preocupa
mucho

que no dañen a su dama.

PADRE.- ¿Por qué no quiere que salgas,

cuándo él, no te acompaña?

¿Recuerdas el tiempo que hace,

que a tu puerta nadie llama?

Yo estoy viendo una paloma,

con las alas recortadas.

¿Y esas marcas en el brazo?

HIJA (enfadada).- Una discusión de nada.

¡Respeta cómo es mi vida.

Soy libre de cómo usarla!

PADRE (triste).- Adiós mi paloma, vuela.

Que no estés equivocada.

Mi mano, tendida siempre,

no te olvides de mi cara.

___________________

PADRE.- De rojo tiñe el silencio

y en el suelo una navaja.

Rojas tus plumas azules.

Roja tu inocencia blanca.

La sangre ahoga tus sueños,

de mujer enamorada.

Voló mi paloma al cielo.

El aura azul y liviana.

Su cuerpo bajo la tierra.

Su recuerdo en cada lágrima.

Se equivocó mi paloma.

Se equivocaba.

Creyó haber hallado un príncipe;

pero el príncipe era un canalla.

Un batracio con colmillos,

que acabó por devorarla.

Se equivocó mi paloma.

Se equivocaba.

Poli

 

 

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