Paternidad y Maravilla (por Iñaki Gil)


El confinamiento motivado por el COVID y los asociados teletrabajo y “teleeducación” nos han llevado a tirar de algún ordenador viejo que teníamos arrumbado por ahí. Al comprobar si el Word funcionaba me encuentro este texto en los archivos recientes que salen si abres un documento Word. Lo comparto desde la maravilla por su encuentro inesperado y esperando no haber perdido esa maravilla ante la paternidad que me han brindado y siguen brindando mi pareja y mis hijas desde hace una docena de años.

Paternidad y maravilla

Se habló hace tiempo en grupo del descoloque que sufre el padre primerizo, y tal vez también el ya experimentado, ante la llegada de su hijo o hija. Aun habiendo tenido siete u ocho meses para preparase con la mejor disposición y a conciencia sobre lo que se le viene encima, podemos comprender que la realidad siempre supera a la ficción, a toda esa “preparación al parto” formal y no formal por la que haya pasado durante los meses en los que si algo hay evidente e innegable es el crecimiento paulatino de la barriga de su pareja.

Una vez el nuevo ser ha llegado, el padre comienza a experimentar de manera mas o menos clara y perentoria que su pareja ya no es exclusivamente su pareja, que la exclusividad empieza a girar mas bien e inevitablemente alrededor de ese ser tan pequeño pero tan presente, convertido en el centro del presente cual fuerza centrípeta que a todos atrae, para disfrute o desquicie.

Y sí, es cierto, la nueva criatura es una maravilla de la naturaleza, o de la evolución, si nos ponemos más estrictos. Una maravilla sorprendente, todavía no comprensible del todo (¿alguna vez totalmente?), aunque su aparición sea el hecho más común desde el inicio de los tiempos y todo el mundo alrededor del padre así lo asuma y como tal se comporte.

¿Quién no se ha visto asimismo contemplando sin noción del tiempo a su bebe mientras este dormía, jugaba con algo o simplemente estaba mirando a su alrededor? ¿No es realmente maravilla? Y todo ello a pesar de que el sustrato de ternura o ligazón pueda explicarse en términos evolutivos, de que sea la base sobre el que construir el cuidado y vinculación duradera, o viceversa, necesaria para un ser tan indefenso (los aficionados a los documentales de la 2 sabemos lo rápido que suelen “espabilar” las crías de la mayoría de los animales).

¿Y si la potencia de esa maravilla obnubilase al padre? ¿y si resulta que, a diferencia de la madre (sintiendo a cada hora, cada día, cómo se gesta en su seno el nuevo ser y cómo le afecta a todos los niveles, con independencia o a pesar del relato íntimo que se vaya construyendo sobre lo que será o dejará de ser), para el padre su preparación no es mas que una especie de elucubración bien intencionada, pálido reflejo de lo que ocurra cuando llegue la hora de la verdad? Es verdad que durante los meses del parto el padre puede intentar comunicarse con ese futuro ser, verlo en las ecografías, intentar mil y una interacciones con las que aproximarse de manera más tangible al ser que viene, dejando(le) una huella mas cierta que las decenas de charlas o lecturas sobre lo que se avecina. Puede incluso que ese hombre esté inusualmente habituado y disfrute tratando a niños pequeños de su familia, o no rehúya coger a los nuevos bebes que aparecen en una reunión familiar o laboral, sí, puede ser. Con todo, no creo que nada de lo anterior llegue a producir el impacto que puede ser tener a quien te atribuyen como tu hijo o tu hija en tus manos cuando apenas tiene unas horas de vida y durante el tiempo siguiente.

El descoloque que se sufre, se reconozca o no expresamente, se sepa o no expresar, se nombre como se nombre o se viva de muy diferentes maneras supone un desdibuje de la pareja no sólo porque ella ya no va a ser la misma, quiera o no, sino porque nosotros tampoco. No dudo que la transición del hombre puede ser mas problemática, más lenta o que tarde en producirse por una huida inicial al pasado, a lo seguro, a lo conocido, por el shock inicial que nos deja noqueados sin saber muy bien hacia dónde ir, habiendo perdido a nuestra chica como referencia o sin tener referencias dado que el nuevo ser es en ultima instancia autorreferente (su llanto nos lo recuerda de modo patente) o que incluso huya sin más ante el terror al vacío de una nueva realidad desconocida que se abre ante él.

Iñaki Gil

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